Práctica clínica

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En estos tiempos de estío es habitual ver como en los centros donde se prestan servicios sanitarios, como en otros, hay cambios en las plantillas debido al periodo vacacional de unos y a la contratación de personal para sustituir a aquellos. Y esto a pesar de los omnipresentes recortes, tanto en sanidad pública como privada.

El lector se puede preguntar a qué se debe esta aparentemente banal constatación. Sin embargo, no parece difícil hilar esas palabras con el fenómeno de la variabilidad en la práctica asistencial. Aunque esta se da, creemos, en todas las profesiones del sector, vamos a reflexionar sobre su presencia en la Fisioterapia. No son excepcionales en nuestros pacientes expresiones como "tu compañero lo hacía de otra manera", "cada uno tiene su forma de trabajar" o la más drástica "sois como de la noche al día". No entramos a valorar cuál es el mejor abordaje, tratamiento, enfoque. Lo relevante es que, más por los motivos expuestos al comienzo, un paciente con un problema concreto que acude a fisioterapia recibe atenciones a veces percibidas como diametralmente opuestas. En otras ocasiones las diferencias no serán tan extremas pero también existirán.

Como dice Molina Arias (1) "La variabilidad en la práctica médica es un fenómeno íntimamente ligado a la Medicina que se traduce en la desigualdad de dotación o de utilización de los diferentes recursos sanitarios entre distintas áreas geográficas o entre niveles asistenciales". Idealmente la variabilidad "traduciría la adaptación de los recursos y conocimientos del sistema a las necesidades particulares de cada paciente". Sin embargo, el mismo autor repasa las posibles causas de la variabilidad: diferencias del estado de salud de la población, diferencias en la utilización de los recursos por la población y diferencias en la práctica profesional. Nos interesa sobre todo la última. Y más uno de sus desencadenantes: la incertidumbre y/o discrepancia sobre el uso correcto de los distintos procedimiento terapéuticos y diagnósticos. Las disciplinas sanitarias no son ciencia exacta, se dice, y, a pesar de pretender basar su actuación sobre el paciente en el conocimiento generado de manera científica, muy a menudo lo hace "constituyendo un acto interpretativo basado en experiencias propias, de otros colegas o en conocimientos con bajo grado de evidencia demostrada" (1).

La variabilidad en las intervenciones se puede ver a nivel poblacional (en áreas geográficas cercanas con poblaciones similares), para comparar tasa de uso de un determinado proceder, o a nivel individual, para comparar lo mismo en sujetos con situaciones clínicas parecidas (2). La que estamos abordando está en este último. Ya hemos hablado de ello en otras ocasiones, como al recomendar alguna guía de práctica (3).

Durante el último año, la asistencia sanitaria pública de la Comunidad de Madrid (SaludMadrid) ha visto nacer varias unidades de rehabilitación cardíaca en distintos hospitales públicos. Así el Hospital Universitario Príncipe de Asturias, Hospital 12 de Octubre, Fundación Hospital de Alcorcón, Hospital San Carlos y Hospital Universitario de Fuenlabrada, entre otros, se unen a la amplia experiencia de estas unidades en otros centros como el Hospital Ramón y Cajal o el Hospital La Paz-Cantoblanco.

Las unidades de rehabilitación cardíaca son unidades especializadas que, además de no pertenecer a la habitual cartera de servicios que ofertamos los fisioterapeutas (entre otros muchos profesionales del equipo interdisciplinar), suelen ser una de las grandes olvidadas frente a otras técnicas o patologías que tratamos cotidianamente, como son traumatología o neurología.

El programa de rehabilitación cardíaca puesto en marcha por la Comunidad de Madrid se centra en la cardiopatía isquémica (infarto de miocardio, cirugía de bypass y angioplastias) verdadera pandemia de los países económicamente mas avanzados, pero se realiza en la práctica totalidad de las enfermedades del corazón (tras cirugía valvular o congénita, insuficiencia cardíaca). El programa tiene una duración de 8 semanas para el paciente (y un proceso variable de varios meses de seguimiento posterior), y se asienta sobre distintos ejes de actuación:

    • Reentrenamiento al esfuerzo en el centro hospitalario. Este entrenamiento contempla al menos durante 3 días a la semana la realización de una tabla de ejercicios (de calentamiento, estiramiento y aumento de la frecuencia cardíaca inicial del paciente), el entrenamiento en bicicleta o tapiz rodante (por espacio de 15 a 50 minutos según estado y evolución del paciente) y una tabla de estiramiento posterior y de reacondicionamiento postesfuerzo. Todo esto con el grupo de pacientes completamente monitorizados, de forma que se registra continuamente la presión arterial, frecuencia cardíaca y saturación de oxígeno.
    • Reentrenamiento al esfuerzo fuera del centro: se pautan al paciente sesiones de entrenamiento 5-6 días a la semana con objetivos claros a cumplir en cada sesión, mediante marcha o bicicleta que pueden oscilar de 10 minutos a 2 horas (como siempre, según nivel y evolución del paciente), realizando un calentamiento previo, y monitorizando y registrando el paciente manualmente su frecuencia cardíaca tal como se le ha enseñado en el centro.
    • Programa educativo: Mediante charlas con el profesional adecuado (nutricionistas, cardiólogos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, enfermeros, fisioterapeutas y médicos rehabilitadores) , dinámicas de grupo y turnos de pregunta-respuesta se tratan aspectos fundamentales para este tipo de pacientes: tabaquismo, dieta, nutrición, ejercicio físico, relajación, sexualidad, control del colesterol, cuidado de la diabetes, hábitos tóxicos y, por supuesto, insuficiencia cardíaca. Es recomendable que al programa educativo asista no sólo el paciente sino su familiar cercano de referencia (habitualmente cónyuge) para compartir el proceso de cambio (de estilo de vida) que entre los dos deben afrontar.
    • Apoyo psicológico: para aspectos donde se requieran refuerzos como la deshabituación al tabaco, disfunciones sexuales, etc.
       

Fuente: http://www.ergosana.de/PDF/bda/2.520051a_EN_Reha_Sana_Sprint.pdf

Todo ello con la finalidad de mejorar la calidad de vida del paciente, su reinserción a la sociedad (y a la vida laboral siempre que sea posible) y la disminución o erradicación de los factores de riesgos y posibles complicaciones futuras.

Podemos definir la Fisioterapia en Salud Mental como "la especialidad de la Fisioterapia que abarca un amplio número de técnicas dirigidas directamente a mejorar los trastornos mentales". Donaghy y Durward (fisioterapeutas ingleses con experiencia en el campo de la Salud Mental) definen el rol del fisioterapeuta especialista en Salud Mental como "el profesional que ofrece un gran arsenal de abordajes físicos de tratamiento dirigidos a mejorar los síntomas y la calidad de vida, aportando un excelente apoyo en la evaluación y tratamiento de pacientes mentales, que es normalmente ofrecido en unión al tratamiento farmacológico y el psicoterapéutico en el contexto del equipo multidisciplinar".

El fundamento de la Fisioterapia en Salud Mental es la relación que existe entre el cuerpo y la mente. Encontramos frecuentemente alteraciones del movimiento normal y de la postura en pacientes con tratornos psiquiátricos.

¿Qué es lo que cura a los pacientes?

Sin ánimo de ser simplistas ni reduccionistas presentamos a continuación los factores que alivian parcial o totalmente a los pacientes o a cualquier persona que padece un mal, desde el más grave al más banal.

 COSAS QUE CURAN O ALIVIAN

 TERAPIA

 PLACEBO

 EFECTO CUIDADOS

 EFECTO INTERÉS

 PROGRESIÓN NATURAL

OTROS

 

Durante el ejercicio de la fisioterapia en un centro de atención especializada hay problemas más o menos prevalentes. En nuestra experiencia hay procesos o patologías que podríamos calificar como raras. Este es uno de esos casos. Se trata de un paciente con fractura de cabeza radial al que se le ha implantado una prótesis de la misma tres meses atrás.

En los quince años que llevamos trabajando en este ámbito asistencial era la primera vez que veíamos un caso así. Esto tiene sus ventajas e inconvenientes. Entre las primeras que suspone una oportunidad de aprendizaje personal o compartido. Entre las segundas la incertidumbre ante la probable evolución y el resultado funcional para el paciente. Expondremos ahora cuáles han sido estos. Contamos, además, con una potente herramienta diagnóstica que facilita el trabajo del médico traumatólogo a la hora de la intervención. Se trata de la tomografía con la que se hace una reconstrucción tridimensional  de la estructura estudiada. Podemos ver la fractura con un fragmento volteado hacia posterior:

Imagen tridimensional de fractura de cabeza radial

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