Fisioterapeutas

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Tras la primera y segunda parte sobre los cursos online, enfoco ahora esta entrada para mostrar cómo creo que deberían ser los cursos  para fisioterapeutas.

Aunque los cursos online pueden tener diseños muy distintos, hay elementos comunes que no pueden faltar:

    • Curso dividido en lecciones y temas: si es posible con libertad de itinerario por parte del alumno y mediante un mapa de localización conceptual, que haga saber al estudiante en cada momento dónde se encuentra, lo que lleva realizado y los temas que faltan por estudiar.
    • Existencia de temas de ampliación, o al menos, enlaces de referencia a otros sitios web, de forma que el alumno pueda aumentar conocimientos sobre aspectos que le interesen especialmente, a pesar de que éstos no sean objeto de evaluación.
    • Preguntas de test al final de cada tema: preguntas variadas y evitando que se repitan mediante un buen almacén de preguntas y respuestas aleatorias. La inclusión de preguntas razonadas es también necesaria.
    • Existencia de elementos multimedia: audio, video, imágenes, tablas y gráficos. Todos estos elementos deben ser pertinentes al estudio, no incluirlos simplemente por estética.
    • Si el curso está dividido cronológicamente en lecciones, el profesor deberá ser un elemento dinamizador que ayude al estudio y retroalimente al alumno para cumplir adecuadamente los plazos marcados en el itinerario docente.
    • Monitorización de la evolución del estudiante tanto por respuestas dadas a distintos test existentes en el itinerario del curso, como mediante la estadística de accesos y tiempos de conexión que nos puede proveer el sistema informático.
    • Existencias de foros de discusión y debate donde alumnos y profesores puedan estar en comunicación directa y plantearse y resolverse dudas.

Los principales problemas en los actuales métodos de evaluación de los cursos online son dos: la correcta identificación del usuario (estudiante) que está realizando el curso y el examen; y la elaboración e implementación del propio examen en sí. La evaluación de un curso online, en especial cuando la titulación obtenida faculta a un determinado personal sanitario (fisioterapeuta) para la realización de técnicas de tratamiento es una cuestión capital y comienza con una correcta identificación del estudiante que ha realizado el curso y se dispone a realizar el examen final.

Actualmente la forma de identificarse frente a un sistema automatizado sin intervención humana, sea este una plataforma educativa, un cajero automático, nuestro móvil o la entrada a la sede de la CIA en Virginia, se basa en los siguientes métodos:

    • Lo que uno tiene: puede ser un "pinchito" USB que faculta para acceder a un ordenador, un token RSA, una llave digital, un DNI electrónico, etc.
    • Lo que uno sabe: generalmente una contraseña, la combinación de nombre de usuario y contraseña es la forma más habitual de identificación digital.
    • Lo que uno es: el iris, las huellas de los dedos, los patrones faciales, las venas de las manos o cualquier otra característica o patrón biométrico que identifique a una persona de forma individual y precisa.
    • Lo que uno es capaz de hacer: por ejemplo un patrón de escritura determinado.
    • Una combinación de dos o más de estos elementos: por ejemplo es usual utilizar el DNI electrónico (lo que uno tiene) con una contraseña (lo que uno sabe); así la pérdida del objeto que permite el acceso al sistema no hace que la persona que lo encuentre tenga el paso franqueado al desconocer el segundo elemento (la contraseña).


La Fisioterapia, como ciencia sanitaria parece tener dificultad en adaptarse a la realización de cursos online con cierto aprovechamiento y calidad del curso. Esto es debido al carácter eminentemente práctico de nuestros estudios y a la pésima calidad y paupérrima implementación de los cursos online desarrollados hasta el momento (al menos, los que un servidor ha realizado y han sido varios). Voy a escribir una serie de 3 artículos intentando exponer cómo son los cursos actuales que encontramos online para fisioterapeutas (primera parte), cómo el problema de la evaluación del curso -especialmente cuando existen certificados que deben justificar su finalización- se está realizando (mal) hasta ahora y, por último, cómo creo que deberían realizarse los cursos online para fisioterapeutas aunando profesionalidad y calidad tanto en la parte teórica como práctica (3ª parte).

Cómo son la mayoría (por desgracia) de los cursos online que encontramos actualmente

Hemos de distinguir en primer lugar los cursos sobre técnicas de tratamiento en Fisioterapia, del resto de materias que entran dentro del radio de acción de la Fisioterapia pero no son técnicas. Es decir, cursos sobre investigación en Fisioterapia, Fisioterapia basada en la evidencia, bioética, estadística, ofimática, competencias digitales... campos que no siendo propiamente técnicas de Fisioterapia, debemos conocer y manejar. Y por otro lado, tenemos los cursos sobre técnicas específicas de tratamiento en Fisioterapia. De este segundo tipo de cursos ni he encontrado ni he realizado ninguno online. Son aquellos que pueden suponer un problema a la hora de resolver la realización de las clases prácticas (hasta ahora siempre presenciales) de manera satisfactoria y de lo que hablaremos en la 3ª parte de esta serie.


Aula virtual de la UOC, ejemplo de cursos online bien implementados: https://youtu.be/wS_RiSDYaM4 

De la primera tipología que no requieren clases prácticas he realizado varios. Siendo estos cursos mucho más sencillos de implementar y ejecutar en cualquier de las plataformas educativas existentes: MoodleClaroline, LAMS, Blackboard,  etc. se siguen realizando mal, desconozco si es por ignorancia de las posibilidades que ofrecen las plataformas educativas informáticas o simplemente por dejadez (como casi todo en la vida, es mucho más fácil y se tarda menos haciéndolo mal). Seguro que si habéis realizado algún curso de este tipo os sentís identificados con esta metodología.

En nuestro trabajo diario podemos encontrarnos con todo tipo de pacientes que viven su patología (independientemente de la gravedad de la misma) de forma muy distinta. Desde el paciente que se quita el cabestrillo de miembro superior a los 4 días de una grave cirugía por que "le molesta para dormir o para ponerse el abrigo", hasta el paciente deportista que busca información y referencias de todo lo que le sucede, su posible evolución, las distintas vías de tratamiento y de cirugía, etc. Aquí debo hacer un inciso, respecto a los deportistas, generalizar siempre es malo -incluso en esta última frase- y además injusto y subjetivo, pero "retratando" arbitrariamente a este tipo de paciente, creo que nos hacemos mejor una idea de lo que quiero expresar.

La cuestión de esta entrada es ¿Nos interesa que los pacientes se informen de su patología, nos consulte, busque otras opiniones? ¿Todo esto nos ayuda en nuestro tratamiento o por el contrario lo entorpece y mina la confianza entre fisioterapeuta y paciente?

Difícil cuestión y más difícil respuesta. Lo políticamente correcto es contestar que SÍ, que nos interesa que el paciente consulte y se preocupe de su patología; así de esta forma, se involucrará más en su tratamiento, realizará los ejercicios que le indicamos y evitará todos los movimientos que le hayamos contraindicado. Esta es la teoría, pero seguro que podemos pensar que la realidad es bien distinta, puesto que a nadie le gusta recibir críticas, quien diga lo contrario miente (¡Vaya! he vuelto a generalizar).

Bill Bryson: En casa, una breve historia de la vida, RBA Libros, 2011.

Cuando caemos por las escaleras, solemos echarnos a nosotros mismos la culpa del accidente y en general atribuimos la caída a un descuido o una falta de atención. De hecho, el diseño influye de forma importante en la probabilidad de que se produzca una caída y en el dolor que sentiremos cuando dejemos de rebotar por los peldaños. Una mala iluminación, la ausencia de barandillas, peldaños irregulares, contrahuellas excesivamente altas o bajas, peldaños excepcionalmente anchos o estrechos y descansillos que interrumpen el ritmo del ascenso o el descenso son los principales fallos de diseño causantes de accidentes.


Según Templer, la seguridad de las escaleras no es un problema único, sino dos: «Evitar las circunstancias que causan los accidentes y diseñar escaleras que minimicen los daños en caso de producirse un accidente». Habla de una estación de tren en Nueva York (no especifica cuál) en la que se aplicó a los bordes de los peldaños un tratamiento antideslizante con un dibujo que hacía difícil discernir dónde se acababa el peldaño. En el plazo de seis semanas, más de mil cuatrocientas personas —una cifra verdaderamente asombrosa— cayeron por esas escaleras, momento en el cual decidieron solucionar el problema.

Las escaleras incorporan tres figuras geométricas: la contrahuella, la huella y la pendiente. La contrahuella es la altura entre peldaños, la huella es el peldaño en sí (técnicamente, la distancia entre los bordes, o mamperlanes, de dos peldaños sucesivos medida horizontalmente), y la pendiente es la inclinación total de la escalera. El ser humano tiene una tolerancia a las pendientes bastante limitada. Cualquier cosa superior a 45 grados resulta incómodamente costosa de subir, cualquier cosa inferior a 27 grados es tediosamente lenta. Resulta muy duro subir escalones que no tienen mucha pendiente, y todo ello se debe a que nuestra zona de confort es muy pequeña. Un problema inevitable de las escaleras es que tienen que transmitir seguridad en ambas direcciones, por mucho que los mecanismos de la locomoción exijan posturas distintas en cada dirección. (Cuando subimos nos inclinamos hacia las escaleras, mientras que cuando bajamos echamos hacia atrás nuestro centro de gravedad, como si aplicásemos un freno.) Por lo tanto, las escaleras que resultan seguras y cómodas en ascenso tal vez no lo sean tanto para bajar, y viceversa. La capacidad de proyección hacia arriba que tenga la huella, por decir algo, puede llegar a afectar a la probabilidad de dar un traspié. En un mundo perfecto, las escaleras cambiarían ligeramente de forma dependiendo de si el usuario subiera o bajara por ellas. Pero en la práctica, podríamos decir que cualquier escalera es un término medio.

Fisioeducación asume desde su inicio la formación como una de sus prioridades. Sus integrantes hemos realizado acciones en este campo, dirigidas a profesionales de la fisioterapia, pero también de otras profesiones. Además, hemos participado en eventos de divulgación para la población general. Y en nuestra tarea cotidiana en los canales de los que disponemos aparecen alusiones e informaciones relativas a difusión del conocimiento, la docencia o la educación. De hecho, nuestro nombre manifiesta claramente nuestro interés en esta faceta.
A título personal también nos prodigamos en formaciones posgrado y participamos en la formación de fisioterapeutas como profesores de Prácticum. Quizá para los menos jóvenes esta denominación de las antiguas estancias clínicas, prácticas clínicas, o simplemente prácticas, les sea poco familiar, pero es la denominación que actualmente tiene la asignatura en la que se introduce a los estudiantes de Grado en el entorno clínico.
Dadas estas circunstancias será fácil de entender que tengamos afecto por ese periodo idealmente integrador, en el que el estudiante se inmersiona en la realidad de su futura profesión en contextos tan dispares como hospitales, residencias de mayores, centros de atención primaria, clínicas, clubes deportivos, etc. Esta parte de sus estudios suele suponer una carga muy alta en contenidos y dedicación, al menos teóricamente, siendo la asignatura con más créditos del Grado.

El pasado 8 de junio se celebró la II Jornada Nacional de Fisioterapia del Hospital Universitario de Móstoles. La anterior fue en 2011 y los miembros de Fisioeducación tenemos un grato recuerdo de entonces, cuando Gema Gallardo Sánchez presentó una ponencia sobre la validez de las pruebas diagnósticas de hombro. Eran otros tiempos, cuando éramos mucho menos activos en las redes sociales. Quien nos conoce sabe que somos defensores de las redes para comunicarnos de forma dinámica sobre aspectos relacionados con nuestra profesión. En esta ocasión, fuimos atentos espectadores de nuestros compañeros y de nuestra actualidad. Por supuesto, encantados de reencontrarnos con amigos, colegas y compartir además un café y unas risas. Alejados de la organización pero conocedores de los pormenores que supone idear, proponer y gestionar un evento de estas características, no podemos sino estar agradecidos por el esfuerzo de todos los colegas de Móstoles. 

El pasado 5 de mayo Fisioeducación presentó una ponencia en el I Congreso Internacional de Fisioterapia, celebrado en Barcelona. El Colegio de Fisioterapeutas de Catalunya tuvo a bien contar con Gema Gallardo Sánchez para que expusiera su experiencia como cooperante en el Chad. Esta se desarrolló en 2017, fruto del requerimiento de la ONG Enganchados, para comenzar un proyecto de Fisioterapia en el Hospital St. Joseph de Bebedja. Previamente a esta exposición Juan Antonio González García presentó las lineas generales de lo que significa el voluntariado y la cooperación, sus tipos y diferencias. También se mostraron algunos ejemplos en al ámbito de la Fisioterapia. Esta parte es la que mostramos en el primer vídeo. El segundo es propiamente el relato de Gema Gallardo Sánchez, en el que aporta detalles de la estancia en Bebedja con imágenes sobre la labor desarrollada allí. Esperamos que os gusten.





El concepto de medicina o práctica, extensible a cualquier disciplina sanitaria, basada en evidencias da la impresión que se ha ido pervirtiendo en el imaginario colectivo de los profesionales. No de todos, claro, pero sí parece cuando uno escarba un poco en las conversaciones y comentarios de redes sociales, blogs, etc. que todo aquello que no haya sido probado escrupulosamente no sirviera. Sería más correcto, además, no utilizar la traducción facilona de la palabra inglesa evidence, y emplear la palabra prueba, porque es evidente que lo evidente no requiere demostración ni ciencia.
Así pues, conviene recordar el sentido original de lo que se pretende al basar las intervenciones diagnósticas y terapéuticas en las pruebas provenientes de la investigación, además de en la experiencia y las preferencias del paciente. Hoy aportamos un presentación que pretende añadir algún contenido que nos ayude en ese recuerdo. Además, hablamos de la aplicación en la docencia en el entorno universitario, especialmente en la fisioterapia. No es una presentación reciente, data de hace algunos años. Pero la creemos vigente. Cualquier sugerencia, matización o réplica será bienvenida.
 
Existen multitud de pruebas clínicas que tratan de determinar la naturaleza de las alteraciones anatómicas y funcionales del hombro.El trabajo que presentamos no es reciente, pues recoge revisiones sistemáticas referidas al tema desde 2004 a 2009. Sin embargo, pensamos que no ha perdido vigencia. Se siguen utilizando muchas pruebas que carecen de la supuesta validez que se las atribuye. Y ello tanto en el entorno clínico como en el ámbito docente. 
Los autores recogen las conclusiones sobre distintas pruebas. No se trata de descartarlas sino de contextualizar los hallazgos. Quizá, de un modo más prudente, conviene tener en cuenta la variación de los resultados de los exámenes como indicadores de cambio. Algunas veces nos darán indicios sobre la estructura lesionada, pero siempre con una dosis variable de incertidumbre.

 

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